1. Limpia el rostro. Empieza por darle a la cara unos mimos extra y limpia esta zona del cuerpo con agua micelar. De esta manera, eliminarás los restos de crema solar, salitre o cloro.
2. Date una ducha con agua tibia. El agua caliente reseca la piel, potencia la descamación y acorta la vida del bronceado. Después de la playa, además, lo que apetece es una ducha con agua fresquita o templada que activa la circulación y ayuda a bajar la temperatura del cuerpo.
3. Aplica un aftersun. Aunque no te hayas quemado con el sol, utiliza un aftersun después de la ducha. Este tipo de producto contiene más activos antirradicales libres y calmantes que la crema hidratante habitual, puesto que nutre, proporciona un alivio inmediato y calma los efectos provocados por la radiación ultravioleta.
Aunque no te hayas quemado con el sol, siempre utiliza aftersun después de la ducha.
4. Bebe agua. Después de tomar el sol es importante aumentar el consumo de agua para evitar que el cuerpo se deshidrate y aparezcan síntomas como el dolor de cabeza, la fatiga o los dolores musculares.
